Dr. Livingstone, estoy seguro.

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En la Rúa Alta de Pontevedra, allá por el número 4, se encuentra uno de los locales de copas más pintorescos de la ciudad: Dr. Livingstone, ¿supongo?, o como lo conoce todo el que lo haya pisado, «El Livingstone».

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Nada más enfilar la entrada nos recibirá un pasillo al aire libre con mesas a nuestra izquierda, plantas y distintos elementos que nos adelantan la ambientación del local una vez dentro: El África británica del s. XIX.

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Todo el local se encuentra plagado de fotos, cuadros, pieles, escudos, cascos, mapas y un sinfín de cosas más que nos sumergen directamente en los días en que el intrépido Henry Stanley pronunció la frase que da nombre al local tras encontrar al famoso médico, explorador y misionero que llevaba cinco años perdido tras descubrir la cabecera del río Congo y el lago Tanganica.

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Pero si hay algo que a ella y a mí nos encanta cada vez que visitamos el local para tomar una copa, es que nos sentimos como en casa. Y no es una frase hecha, porque sentarse en una buena butaca o sillón, disfrutando del aire fresco de esa pequeña terraza en verano, o del calor de una manta en invierno es algo que, como mínimo, te invita a «quedarte un poco más» y pedir otra.

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Copas y cócteles de excelente calidad y una buena atención aseguran la vuelta al local. Y ella y yo así lo hacemos, siempre que coincidimos en esta bella ciudad de Pontevedra y nos apetece pasar un buen rato en «nuestro sofá». En resumidas cuentas, y después de haber pisado muchos locales, éste se merecía este post y volver a visitarlo…supongo.

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Ahora sí. Póngame un Gin-Tonic.

( by él )

No quería que el primer cóctel del que se hablase en este blog fuese el re-descubierto Gin-Tonic, y después de haber hablado de otros como el Cosmopolitan o el Collins, ya va siendo hora de dedicar unos párrafos a esta «no tan nueva» forma de combinado.

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Buena parte de la culpa de combinar ginebra con tónica la tiene el Sr. Jacob Schweppe – que no se dedicaba a las bebidas, sino a la joyería – y que con ese apellido no creo que sea necesario explicar qué es lo que le hizo famoso allá por finales del XVIII. La tónica, compuesta a base de agua con gas y quinina, fue rápidamente adoptada por los soldados británicos desplegados en la India como remedio contra la malaria, ya que según se dice, la hasta aquel momento casi reglamentaria Indian Water Tonic no estaba «muy allá«. Y fue en aquellos años cuando un alto oficial británico decidió probar aquella nueva tónica de J. Schweppe & Co. mezclada con ginebra ( seguramente de la marca Bombay, muy conocida por aquellas latitudes ). Había nacido el Gin-Tonic. Es decir, que cuando pidáis Bombay con Schweppes podéis presumir delante de vuestros amigos-as de que ese es el Gin-Tonic original con el que los soldados británicos fumigaban sus interiores cuando estaban guardando el Imperio muy lejos de casa.

¿Y qué decir en pocas palabras de la ginebra? Pues lo más importante y curioso de todo, que no es británica, sino holandesa, creada en el s. XVII por Franciscus De La Böe ( ese «De» tan español me encanta ) como una bebida alcohólica destilada con enebro, que se comercializó en principio como diurética, y más tarde en Inglaterra como medicina.

La diferencia principal entre ambas ginebras ( la holandesa y la británica ) es que la primera tiene un contenido menor en alcohol y sabe más a malta, y la segunda es más fuerte y tiene sabor a enebro.

Pero hoy veremos cómo preparar un Gin-Tonic con una ginebra que no es ni holandesa ni inglesa, sino del noroeste de España, de Galicia. Se trata de la ginebra Nordés ( sobre 23-24 € ) y que tiene la particularidad de estar destilada a partir de vino albariño y diferentes botánicos como el toxo o el eucalipto. El resultado es un tremendo aroma que nada más abrir la peculiar botella no os va a dejar indiferentes. La tónica escogida es Original Blue citrus, por aquello de darle color azul al combinado, y que incorpora un suave recuerdo de limón.

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Como norma general, un Gin-Tonic se sirve en una copa amplia de balón, con la boca más estrecha que el cuerpo, con mucho hielo y potenciadores de sabor, como cáscaras  o rodajas de frutas, o bayas y especias como el enebro o el cardamomo, pasando por la pimienta negra o la canela. La ginebra irá en proporción de 1/5 de la tónica, y según dicen los entendidos, hay que «liquidarlo» en menos de 15 minutos.

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Comenzamos haciendo un twist de lima. Es una espiral hecha con su cáscara, que podremos realizar con un pelador o con un cuchillo pequeño y afilado. Será lo primero que pondremos en la copa, y lo dejaremos ahí solito durante un par de minutos, tras los cuales añadiremos mucho hielo y removeremos todo, para enfriar la copa.

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Posteriormente añadiremos más potenciadores de sabor. En este caso vamos a incorporar unas bayas de enebro y un poco de cardamomo ( se encuentran fácilmente en cualquier gran superficie ) Lo que deberemos hacer antes de ponerlos en la copa es abrirlos ligeramente con nuestro dedo, de manera que impregnen mucho mejor con su sabor el combinado. Cuando partáis la primera baya de enebro llevadla a vuestra nariz y oledla…comprenderéis por qué la vamos a utilizar.

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Hecho esto, añadimos la ginebra. Si la tónica es de 20 cl., significa que emplearemos 5 cl. de ginebra ( aunque eso varía con los gustos, por supuesto ) La echaremos en la copa desde cierta altura, lo que ayudará a incrementar su sabor. Posteriormente, añadimos la tónica. Podemos hacerlo ayudándonos de una cuchara trenzada ( muy fashion pero que hace que la tónica pierda parte del CO2 ), o bien echarla muy despacio, o utilizando el viejo truco de echarla sobre la parte ovalada trasera de una cuchara. ¡Nunca agujerear la chapa de la tónica para que salga a presión! 

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Por último, un sólo toque de arriba a abajo a la copa, nunca remover…y tiene buena pinta esto que hemos hecho. Ahora…quedan 15 minutos. ¡A disfrutar!

Si a Marineda fueres, Piadina comieres.

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Se ha convertido en una actividad de lo más coruñesa darse una vuelta por Marineda City. Ahí, a codearse con gentes de localidades cercanas a La Coru, ir al cine, o a comprar ropa o algún mueble nórdico que suponga todo un reto montar. Y cómo no, a comer, que es una de las cosas de las que escribimos aquí :).

Nuestro local favorito dentro de este gran centro comercial es La Piadina, situado en la segunda planta al lado de la mayoría de los locales de restauración de Marineda. Y si el lector se pregunta por qué, debería decir que porque nos ganaron desde la primera visita. Una atención rápida y agradable, decoración cuidada, una espera mínima para ser servido ( nada de colas choniles tipo Muerde La Pasta ) y mesa asegurada.

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Las Piadinas son un producto típico de la ciudad italiana de Rimini, mezcla de crepe y torta mejicana, y que podréis encontrar divididas en dos grupos según su relleno: saladas y dulces. Una de las que más hemos probado es la Burguer, rellena de dos exquisitas hamburguesas, lechuga, queso y cebolla caramelizada…es un bocado exquisito. La Parma tampoco se queda atrás, rellena con jamón del mismo nombre, queso y lechuga. Dentro de las dulces destaca, por derecho propio, la rellena de Nutella.

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Si queréis postre, lo típico es su helado de yogur que podréis tunear a vuestro gusto con un par de toppings. Por ejemplo, caramelo con trocitos de Oreo o Nutella líquida con trocitos de fresa. Las combinaciones son de lo más variadas, siempre a vuestra elección.

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Ensaladas, tartas y cafés variados completan su carta. Si disponéis de la tarjeta Marineda City os harán un descuento o tendréis un café ( son grandes ) gratis. Una comida para dos personas, con un par de Piadinas, dos bebidas y un par de helados os puede salir por menos de 20 €. Y cosas de los buenos locales…se acordarán de vosotros si volvéis.

Una plaza muy urbana

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En la calle Pastoriza 10, que une las calles San Andrés y Orzán, y casi fundido con la plaza José Sellier podréis encontrar un local que sin duda alguna no os dejará indiferentes. Su nombre es La Urbana.

El local funciona como bar desde el mediodía, en donde se puede pasar un buen rato dando cuenta de tapas muy bien preparadas. Ideal en las tardes de verano para tomar una copa temprana en su terraza y más que recomendable para ser visitado por la noche.

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Tanto para ella como para mí entra dentro de la categoría de nuestros locales favoritos en La Coruña. Tanto su decoración, donde predominan elementos de madera como los de las antiguas bodegas que ocupaban hace años este local, como su iluminación casi siempre tenue, con unas bombillas desnudas sobre la barra y las mesas que imitan a aquellas antiguas con filamento de carbono, están extremadamente cuidadas.

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Extremedamente cuidada es también la atención. No os harán esperar para pedir la consumición ni siquiera en los momentos de más afluencia ( seguramente los sábados de verano por la noche ) y con la plaza llena de gente. Una plaza encantadora y salpicada de mesas en la que, hasta ahora, siempre hay algo que nos ha llamado la atención: No hay gritos, ni ruidos estridentes, ni espectáculos chabacanos…es decir, se convierte, casi sin quererlo, en el lugar ideal para sentarse con los amigos y disfrutar de un buen rato de charla sin tener que levantar la voz. Bien, ¿no?

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Si queremos tomar la copa dentro también nos va a sorprender el volumen de la música. Lo suficientemente alta para ser disfrutada, y lo suficientemente baja para no convertirse en enemiga del intercambio de palabras.

Si aún no lo conocéis…entre San Andrés y el Orzán. La Urbana.

Central Park sin N.Y

Galería

Esta galería contiene 3 fotos.

by ella No se si serán los años pero cada día adopto mas «tradiciones» que empiezan a formar parte de mi vida; y una de ellas es como buena coruñesa de adopción acercarme a la Plaza de Vigo a tomar … Sigue leyendo

Un Collins para refrescarse

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Creo que de todos los cócteles que he probado hasta ahora, el Collins ocupa un lugar más que destacado. Trago largo como él solo, es grande, refrescante e ideal para tomar en una buena tarde de sol.

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Existen varios tipos de Collins, si bien a mí me gusta preparar una de las versiones más sencillas ( más que nada por la facilidad a la hora de conseguir los ingredientes ). A pesar de todo, y tras buscar en todos lados, uno de los ingredientes no he podido encontrarlo y he tenido que hacerlo casero. Se trata del jarabe de azúcar, y ante la imposibilidad de adquirir este almíbar hay que currárselo en una cazuela al fuego, simplemente añadiendo agua y el doble de cantidad de azúcar, y remover hasta conseguir un líquido pastoso. Para conservarlo bien, guardarlo en un frasco de cristal, añadirle una cucharadita de vodka y al frigo. Aguantará meses así 🙂

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Comenzamos. Todo lo que vamos a necesitar va a ser:

– Vodka

– Zumo de limón recién exprimido

– Jarabe de azúcar

– Gaseosa

– Granadina

– Hielo en cubitos, hielo picado y un vaso Collins ( algo más alto y más ancho que un vaso de tubo normal ). Para este cóctel no nos va a hacer falta la cobbler, la coctelera de tres piezas que habíamos utilizado para el Cosmopolitan. Sí nos hará falta (siempre) el medidor de líquidos.

Para empezar, echamos tres o cuatro cubitos de hielo normales en el vaso y los removemos para enfriarlo. Lo siguiente será añadir 60 ml de vodka, 30 ml de zumo de limón y 15 ml de jarabe de azúcar. Rellenamos con gaseosa hasta llegar a unos tres dedos de la boca del vaso, y a remover.

Posteriormente, añadimos hielo picado hasta arriba ( sin pasarse ), le damos un toque con un chorrito de granadina, colocamos algún fruto rojo para adornar, una pajita….y el primer trago – amodiño, como se dice en esta sagrada tierra – seguro que será una sorpresa.

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Preparando un Cosmopolitan

(by él)

Si hay algo indudable es que quien nos dio a conocer el cóctel Cosmopolitan fue Carrie Bradshaw en la serie Sexo En Nueva York. Y de la misma manera que nos lo dio a conocer nos lo quitó, cuando sus amigas le preguntaron por qué ya no lo bebían y ella respondió «porque todo el mundo comenzó».

El Cosmopolitan es un «cóctel femenino», o al menos eso me aseguró en cierta ocasión un camarero en Nueva York cuando, después de pedirle uno, me dijo en voz baja «eso es de chicas». Aquello no impidió, ni mucho menos, que probase el primer «Cosmo» de mi vida.

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Y nos ponemos manos a la obra. Necesitaremos, como ingredientes:

– Vodka

– Cointreau

– Zumo de arándanos rojos ( se consigue fácil en cualquier hipermercado )

– Lima.

Por otra parte nos hará falta hielo picado, que también se vende en grandes superficies. Si no lo encontrásemos, nos queda el viejo truco de envolver hielo en un trapo y aplicarle la Furia de Thor con un martillo. Por último, nos hará falta una coctelera y un medidor de líquidos, además de copas de cóctel.

Vamos allá. Llenamos la coctelera de hielo picado y añadimos 90 ml. de vodka, 60 ml de zumo de arándanos, 30 ml de Cointreau y otros 30 ml de lima. Tapamos la coctelera, y a menear, remenear, agitar y reagitar. ( Y si la coctelera es metálica, os recomiendo envolverla en un trapo antes de agitar, o se os pegará a las manos y os dolerá ).

Y tras agitar bien, a servir. Se puede adornar el borde de la copa con azúcar, o añadirle algún fruto rojo, tipo arándano o grosella. En una coctelera normal os dará para servir un par de copas…y cuidado, que sube.

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¡ Buen Cosmo !

Comiendo en Mantelería

(by él)

No vamos a ocultar que uno de nuestros locales favoritos en La Coruña es Mantelería, el cual descubrimos hace ya unos años y al que seguimos siendo fieles desde entonces.

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Mantelería se encuentra en la calle del mismo nombre, un pequeño callejón que une las populares calles San Andrés y La Estrella. El local es pequeño (se llena con apenas 25 personas, no reservan y si están las mesas altas llenas hay que adoptar la actitud de buitre leonado y cazar una nada más se levanten los que la ocupaban), tiene una decoración sencillísima y exquisita, una música que invita a quedarse, está excepcionalmente atendido y, si vamos a hablar de exquisiteces, no queda otra que mencionar su comida.

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Lo primero que os llamará la atención serán los pinchos sobre la barra, presentados en buenas bandejas de cristal, grandes, contundentes y a menos de 2 € cada uno. Desde hamburguesitas hasta codillo, pasando por morcilla, salmón relleno sobre queso de cabra o cecina…impresionante. Y buenos vinos, que también cuenta lo suyo. Pero si hay algo que a nosotros nos encanta es, además de los pinchos, la comida.

En Mantelería tienen una carta pequeña, incluso creo que invariable a lo largo de los años, y un poco fuera de la vista ( bien hecho) ya que hay que levantar algo la cabeza para verla sobre las botellas de vino. Creo que a lo largo de estos años no hemos pedido nunca nada de lo que tuviésemos la más mínima queja. Revueltos, Carpaccios, Codillo, Ensaladas, Confit de pato… una calidad de la que se te saltan las lágrimas y que te deja con ganas de volver. Y volver de nuevo.

…Y si vais a pedir postre, os preparan un Coulant exquisito.

Después de la comida o cena, podéis tomar una copa. Eso sí, café no sirven. Para que os hagáis una idea, una comida para dos personas tomando unos pinchos al principio, un par de platos de la carta, un par de copas de vino por persona y un postre para compartir os puede salir sobre los 40 €. Calidad-precio más que rentable.

¡Que aproveche!