Bocado de salmón ahumado y manzana 

Hoy publicamos esta receta, en plan “instrucciones sencillas“. Un entrante muy sencillo, apetecible y que viste mucho. 😉

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De gañanes y gente así.

(by él )

Nos encanta el vino. Y mucho más el vino blanco que cualquier otro, sobre todo nuestro querido Albariño,  siempre frío y presente en casa. 

Recientemente, estando ella y yo de compras en un centro comercial, al pasar por la sección de caldos decidimos comprar una botella de Sauvignon Chenet, vino blanco francés que habíamos probado en París con un Camembert rebozado que resucitaba a un muerto, y nos había gustado mucho a los dos. 

  
Pero al llegar a casa y sacar la botella de la bolsa…llega la sorpresa. ¡La botella está torcida y abollada en un lado! Y cómo no, aquel imprevisto dio lugar a todo tipo de comentarios…”He cogido la única botella mal hecha de toda la estantería”, “Vaya tela con los de Chenet, menudo fallo”, “El que hizo la botella ya se había soplado tres”, “Esto solo me pasa a mí”…etc. Eso sí, todo adornado con unas buenas risas.

  
Pero quedaba un resquicio de duda. Examinando la botella cual chimpancé con un palo nuevo, veía que era extremadamente cómoda para servir el vino. El dedo gordo de la mano encajaba perfectamente en la hendidura y la inclinación del cuello de la botella era óptima para servirlo. Así que…a preguntar a Google sin perder más tiempo ( más que nada porque preguntar a Siri me daba más corte ). 

  
Y, efectivamente, Google me dio la respuesta: “Eres un gañán”. 

La botella está hecha así a conciencia. No es un fallo ni mucho menos. De hecho en alguno sitios la denominan botella asimétrica o anatómica, pensada exclusivamente para eso, para servir el vino más cómodamente. Y después de este “Francia-1, Yo -0” devolvemos la retransmisión a nuestros estudios centrales. Eso sí, el vino está buenísimo. Muy recomendable para los amantes del vino blanco. Y la botella, por supuesto, pasa a ser un elemento decorativo más de nuestra casa. Salut!

Comiendo en Mantelería

(by él)

No vamos a ocultar que uno de nuestros locales favoritos en La Coruña es Mantelería, el cual descubrimos hace ya unos años y al que seguimos siendo fieles desde entonces.

20140802 calle
Mantelería se encuentra en la calle del mismo nombre, un pequeño callejón que une las populares calles San Andrés y La Estrella. El local es pequeño (se llena con apenas 25 personas, no reservan y si están las mesas altas llenas hay que adoptar la actitud de buitre leonado y cazar una nada más se levanten los que la ocupaban), tiene una decoración sencillísima y exquisita, una música que invita a quedarse, está excepcionalmente atendido y, si vamos a hablar de exquisiteces, no queda otra que mencionar su comida.

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Lo primero que os llamará la atención serán los pinchos sobre la barra, presentados en buenas bandejas de cristal, grandes, contundentes y a menos de 2 € cada uno. Desde hamburguesitas hasta codillo, pasando por morcilla, salmón relleno sobre queso de cabra o cecina…impresionante. Y buenos vinos, que también cuenta lo suyo. Pero si hay algo que a nosotros nos encanta es, además de los pinchos, la comida.

En Mantelería tienen una carta pequeña, incluso creo que invariable a lo largo de los años, y un poco fuera de la vista ( bien hecho) ya que hay que levantar algo la cabeza para verla sobre las botellas de vino. Creo que a lo largo de estos años no hemos pedido nunca nada de lo que tuviésemos la más mínima queja. Revueltos, Carpaccios, Codillo, Ensaladas, Confit de pato… una calidad de la que se te saltan las lágrimas y que te deja con ganas de volver. Y volver de nuevo.

…Y si vais a pedir postre, os preparan un Coulant exquisito.

Después de la comida o cena, podéis tomar una copa. Eso sí, café no sirven. Para que os hagáis una idea, una comida para dos personas tomando unos pinchos al principio, un par de platos de la carta, un par de copas de vino por persona y un postre para compartir os puede salir sobre los 40 €. Calidad-precio más que rentable.

¡Que aproveche!