De gañanes y gente así.

(by él )

Nos encanta el vino. Y mucho más el vino blanco que cualquier otro, sobre todo nuestro querido Albariño,  siempre frío y presente en casa. 

Recientemente, estando ella y yo de compras en un centro comercial, al pasar por la sección de caldos decidimos comprar una botella de Sauvignon Chenet, vino blanco francés que habíamos probado en París con un Camembert rebozado que resucitaba a un muerto, y nos había gustado mucho a los dos. 

  
Pero al llegar a casa y sacar la botella de la bolsa…llega la sorpresa. ¡La botella está torcida y abollada en un lado! Y cómo no, aquel imprevisto dio lugar a todo tipo de comentarios…”He cogido la única botella mal hecha de toda la estantería”, “Vaya tela con los de Chenet, menudo fallo”, “El que hizo la botella ya se había soplado tres”, “Esto solo me pasa a mí”…etc. Eso sí, todo adornado con unas buenas risas.

  
Pero quedaba un resquicio de duda. Examinando la botella cual chimpancé con un palo nuevo, veía que era extremadamente cómoda para servir el vino. El dedo gordo de la mano encajaba perfectamente en la hendidura y la inclinación del cuello de la botella era óptima para servirlo. Así que…a preguntar a Google sin perder más tiempo ( más que nada porque preguntar a Siri me daba más corte ). 

  
Y, efectivamente, Google me dio la respuesta: “Eres un gañán”. 

La botella está hecha así a conciencia. No es un fallo ni mucho menos. De hecho en alguno sitios la denominan botella asimétrica o anatómica, pensada exclusivamente para eso, para servir el vino más cómodamente. Y después de este “Francia-1, Yo -0” devolvemos la retransmisión a nuestros estudios centrales. Eso sí, el vino está buenísimo. Muy recomendable para los amantes del vino blanco. Y la botella, por supuesto, pasa a ser un elemento decorativo más de nuestra casa. Salut!

Mejillones, champiñones…y un poco de curry.

( by él )

Una buena receta, válida para un entrante espectacular ya sea para una comida o para una cena, es esta que combina los ingredientes con los que titulamos este post. 

Es sencilla y relativamente rápida. Los ingredientes no son difíciles de conseguir y el resultado es digno de la mejor mesa. Nos harán falta (para dos personas) 250 grs. de mejillones – pueden ser unos 16 ó 18 – medio vaso de vino blanco, 150 grs. de champiñones, 1 ajo, 90 ml. de crema de leche, 2 cucharaditas de curry en polvo, 3 cucharaditas de aceite de oliva, perejil y 4 vol-au-vents.

Si fuese necesario limpiar los mejillones, lo haremos quitándoles las barbas. Posteriormente, en una olla vertemos el medio vaso de vino blanco y los mejillones, y los cocinamos al vapor durante 5 minutos. Una vez hecho, retiramos los mejillones y reservamos el agua de la cocción. Quitamos la concha a los mejillones, los cortamos y reservamos.

  

  
Por otro lado, troceamos bien el ajo y los champiñones. En una sartén con las cucharaditas de aceite freímos el ajo. Cuando estén dorados, añadimos los champiñones troceados. Tras unos 5 minutos, añadimos un par de cucharadas del agua de cocción de los mejillones, y dejamos reducir un poco.

  
Después, añadimos la crema de leche y removemos bien. Añadimos el curry en polvo, volvemos a remover bien y dejamos reducir otro poco.

  
Hecho esto, retiramos la sartén del fuego y cuando esté tibia añadimos los mejillones. Volvemos a mezclar muy bien.

  

  

Sólo nos queda rellenar los vol-au-vents con la mezcla. Hecho esto espolvorearemos un poco de perejil por encima. Resultado de presentación y sabor: Impresionante!